Retratos


Nina



Fidelia





Zukka y John




Unagui, Mingo y Cía





Felu





Rocco y Sophie





Jasper






Mary y Jacobo






Mike y Attia






Rica Potota y Gizmo







Uma e India



Felipe. Lápiz y óleo sobre papel.  2012

Ciertos objetos que a la mirada humana tienen un nombre, una utilidad, un sitio preciso y controlable en el universo de los enseres domésticos, para la mirada de un gato pueden ser otra cosa muy distinta. Para Felipe, la aspiradora es motivo de terror y espanto. El monstruo de cuello negro y larguísimo se esconde en un rincón de la casa, una esquina bajo escalera sellada con una puerta. Basta que Verónica Madanes (que es su mamá y su dueña) se acerque a la cueva del monstruo con gesto de abrir la puerta para que Felipe quede paralizado de miedo. Curioso, agresivo y cabrón como es Felipe, no deja de dar gracia que   todos los atributos de su carácter dominante se deshagan ante el aparato doméstico. Felipe llegó a la vida de Verónica junto a sus 16 años, como regalo de Patricia, su mamá. Y a partir de ese día, como no podía ser de otra manera con una mamá adolescente, Felipe comenzó a ser el malcriado de la casa. Ningún lugar del hogar le fue vedado, y la capital de su reino la estableció en la cama de Vero. “La casa es de él y nosotras somos sus súbditas, es el único hombre de la casa”, resume Vero, entre divertida y resignada. Felipe duerme como un humano: cabeza apoyada en la almohada y bien arropado junto a Vero. Y él decide a qué hora hay que levantarse, haciendo los ruiditos necesarios para despertar a Vero: tirar la llave, las moneditas…una especie de despertador gatuno y percusionista. Tal vez lo que más seduce de Felipe, es la combinación de actitudes humanas con el instinto salvaje. A su manera, Felipe ha logrado conservar su independencia y salvajismo felinos y ser, al mismo tiempo, un compañero fiel, una presencia confiable y sincera. 




Sofía. Óleo sobre lienzo.  2012

Cuando Sofía llegó a la vida de Ángel Gómez, él no estaba preparado. No quería encariñarse. Sabía lo que implicaba tener una mascota: no sólo la responsabilidad del cuidado diario, sino también la tristeza de verlos partir algún día. Pero a Sofía no parecía importarle la resistencia de Ángel: ella ya lo había elegido como su dueño, sólo restaba esperar que él se diera cuenta. Y entre las dudas, el cariño fue naciendo, inevitablemente y sin pedir permiso. Y así, Sofía pasó de ser un huésped temporario con destino incierto a una integrante más de la casa, con derecho pleno a correr gato y tortuga, a revolcarse en el sillón, y sentirse autorizada a juzgar, ladrido mediante, a todo el que entrara o saliera de su territorio. Luego empezaron los largos paseos por la vía, cerca de la casa. En esos paseos diarios y matutinos, Ángel se conectó nuevamente con la belleza de la naturaleza. Las flores del palo borracho, las del ceibo, la mutación de colores y formas que el cambio de las estaciones trae aparejado…todo eso, tan sencillo y cercano, se tornó maravilloso y disfrutable. Sólo una cosa oscurece la felicidad de Sofía durante estos paseos: el paso del tren de carga. Ante la máquina, se siente pequeña y vulnerable, aterrorizada. Ángel lo atribuye a algún episodio traumático en la infancia de Sofía, pero la verdad es que continúa siendo un misterio.



Pipo y Tita. Óleo sobre papel.  2012

Pipo parece no comprender que sus esfuerzos de macho perruno no sortearán la barrera que Tita pone una y otra vez entre los dos. Como una lady, todo lo humanamente femenina que puede ser, Tita resiste el acoso de Pipo y se mantiene distante e inmune a tanto deseo desenfrenado. Si la relación sexual está destinada al fracaso entre estos dos bellos ejemplares de rhodesian, la relación fraternal, en cambio, puede darse con creces. Así es como juegan a lo bruto, se reconcilian, van a la par tras el sonido del sapito que augura premios, se acompañan y asumen juntos la tarea de dar seguridad, cariño y diversión a la familia Daiez. Si Tita se deja abrazar como un peluche, Pipo resulta torpe e inquieto y patalea como un caballito en el abrazo. “Es grandote, pero medio maricón”, dice Fabián, “y súper cariñoso”.  Los dos han generado sus gracias faciales: Tita sabe mover las cejas sugestivamente y Pipo sabe poner cara de circunstancia hasta el lagrimón. “Toman actitudes tan humanoides, que a veces nos cuesta mantener la posición de líder frente a ellos”, confiesa Fabián, “entonces leemos al encantador de perros, y sacamos de ahí algún consejo para recuperar nuestra autoridad”. Lo cierto es que a medida que avanza la entrevista, y Tita y Pipo dan vueltas alrededor, tan gigantes y con actitudes tan personales, se comprende que sea fácil caer en la trampa y pensarlos como humanos.  



 Nina y Nené. Óleo sobre papel. 2012

Vemos la cara brillante de la Luna llena y la manera en que esa luz tenue toca el paisaje. En cambio, el lado oscuro del satélite, pertenece a la esfera de nuestras intuiciones. Nina y Nené son las dos caras de la luna. Dos territorios semiesféricos que no se dividen en un corte abrupto, sino en un pasaje lento donde es imposible determinar con exactitud donde la luz comienza a hacerse sombra, y viceversa. Y la luna, en sus diferentes fases, matiza la personalidad de todo lo que vive. Nina, la cara visible de la Luna, es tierna, fiel y doméstica. Si uno quisiera saber en dónde anda, es fácil: basta saber dónde está su mamá, Cecilia Lenardón, y allí encontraremos a Nina, expectante de caricias, compañera y atenta al trajín de la casa. Si hace falta, Nina recurrirá, para conseguir lo que quiere, a su recurso más logrado: la pose “suplicante”.  Nina es “como las flores silvestres, rústica pero hermosa”, dice Ceci, “un perro devenido en gato”, agrega. Nené en cambio, se comporta como una verdadera gata de estirpe. Señorial, desafiante, independiente y un poquito histérica, Nené es como una flor extravagante, “como una lilium, de ésas flores que tenés que comprar en la florería”. Selectiva, Nené impone los tiempos del franeleo, que son cortos pero intensos. Si Nina sueña con alfombras, fogatas y una olla humeante en la cocina, Nené sueña con cazar pájaros en paisajes inhóspitos y extraños. “Quizás me parezca a las dos o las dos se parezcan a mí – reflexiona Ceci-, soy como Nené de la puerta para afuera, cautelosa y un poco distante. Pero de la puerta para adentro soy Nina, faldera de mi propia casa.”




 Pepo. Óleo sobre papel.  2012

Buenazo y pachorro, Pepo busca cariño con una dulzura tan noble que es imposible no ceder a la tentación de acariciarle la cabezota aterciopelada. Tiene ojos humanos; redondos y plenos, que miran con franqueza. Dogo de departamento, Pepo no parece necesitar más que ese espacio doméstico y los paseos por el barrio de Almagro. Primogénito de Ramiro González, la relación entre ellos es devocional. Durante las vacaciones en Mar del Tuyú, suele acompañar a Ramiro en sus paseos por la playa. “Es una relación simbiótica”, cuenta Mónica, la esposa de Ramiro, “está integrado a nosotros como uno de la familia, si nos vamos de vacaciones lo llevamos, porque uno moriría sin el otro”. Como los delfines, Pepo se comunica en un lenguaje misterioso de chiflidos, ronroneos y suspiros que Ramiro interpreta a la perfección. A la hora de definir a Pepo, Mónica resume: “Es dormilón y vago, garronea comida y lo que más le gusta es estar pegado al padre.” 




Bomba. Óleo sobre papel. 2012



“Cuando corre, el pelo le hace ondas en el viento, y ella pone cara de atleta, como si estuviera en una gran competencia...y en realidad es una vaga”, cuenta Belén Neuman deschavando uno de los trucos de su perra Bomba, la perra más divertida del mundo. No importa su edad, Bomba es y será siempre irremediable y deliciosamente adolescente. Si tuviera una habitación para ella sola, seguro sería un cuarto típicamente teenager: pegatina de pósters, corazones y arco iris, música al palo, stikers con brillitos, zapatillas tuneadas y ropa tirada por todas partes. No le gustan las rutinas, salvo la rutina del placer y las que derivan de la ley del menor esfuerzo. Un gasto enorme de energía para Bomba, sólo estaría justificado si el objetivo es festivo. Si le da fiaca, cuando viene el paseador a buscarla lo manda a pasear y se queda muy pachorra, mirando con infinito agradecimiento a Belén por no obligarla a cumplir horarios ni compromisos perrunos. Bomba es una ráfaga de aire fresco. Alocada, catrasca, siempre de buen humor, pícara y compradora. Ladrona totalmente impune de manjares, única oportunidad donde puede mostrar los dientes si de defender el botín se trata. Experta jugadora de las escondidas, Bomba prefiere los juguetes grandes, fuera de escala para ella y así se los tenga que robar a un niño, se las ingenia para conseguirlos. Bomba toma lo que quiere, sin dudar y con un buen humor que hace fácil consentirla. “Carpe diem” (aprovecha el día), es su lema. Y por suerte, es altamente contagioso!




Alfonso. Óleo sobre papel.  2012

¿Es cachorro?No, es inmaduro, responde sin dudar Orly Benzacar y mira entre divertida y resignada como Alfonso retiene en sus fauces la pelota de tenis, no con la intención de traerla cual ofrenda a su dueña, sino como el niño empeñado en la ostentación de los chiches que no compartirá. Si le preguntamos a Orly, ternura es el primer adjetivo que aparece a la hora de definir el carácter de Alfonso. Uno de sus sellos distintivos: una nariz grandota y rosada, una nariz chanchuna, que con el tiempo se ha vuelto pecosa. A Alfonso no le interesan otros niños, más bien les guarda cierto temor, toda su devoción va a parar al mundo adulto con Orly como centro indiscutible. Tampoco otros animales atraen su atención. El mundo de Alfonso es exclusivamente el del humano adulto. Malcriado, mimoso y pudoroso, sabe ocupar (por un ratito al menos) el lugar de guardián de la casa si las circunstancias lo requieren. Orly sospecha que de tan humanizado, Alfonso ya no sabe que es perro y asume entre risas toda la responsabilidad en el asunto. Cierta mañana, durante unas vacaciones, Orly, libro y reposera en mano y secundada por Alfonso, salió a disfrutar de la playa aún solitaria. Después de un rato ensimismada en la lectura, levantó la mirada para descubrir que mientras ella leía, Alfonso había estado cavando en la arena un círculo perfecto a su alrededor, al mejor estilo Alberto Greco con sus Vivo Dito. Círculo de protección, delimitación territorial ó acto mágico orbital, si todavía cabían dudas de que Orly era el centro del universo para Alfonso, esa mañana quedaron totalmente disipadas.


Romeo. Óleo sobre papel.  2012



En otro planeta que parece lejísimos, Romeo piensa ó, más bien, medita, como sólo saben hacerlo ciertos perros que tienen algo de pequeño hombrecito. Y aunque el planeta donde Romeo sueña despierto parece remoto, ante el menor gesto de sus dueños él reacciona, siempre bondadosamente, siempre contento de sumarse a algún plan divertido como correr pelotas de golf (esquivando el pasto si es posible), salir a dar una vuelta manzana o simplemente recibir una caricia. Pety González Álzaga y Pablo Santamarina, sus padres terrícolas, entienden a la perfección esos estados flotantes de Romeo, como cuando se demora mirando por la ventana, suspira, y queda “colgado” en vaya uno a saber qué clase de elucubraciones perrunas. Si bien Romeo no ladra, ha desarrollado, como los delfines, una serie muy sutil y variada de sonidos para comunicarse. Romeo está más allá del bien y del mal, de hecho, Romeo parece no creer en la maldad y las teorías darwinistas lo tienen sin cuidado: se puede sobrevivir sin ser el más apto, ni el más fuerte. Dulce, melancólico y, paradójicamente, también alegre, Romeo es la versión canina de El Principito, siempre ocupado en las cosas que más importan en la vida: la amistad, la felicidad y el sagrado oficio de perder el tiempo sin apuro alguno por llegar a ningún lado.


Felipe, Clementina, Gato Negro y Benito. Óleo sobre papel. 2011


A Cristina Paravano no le entusiasmaban demasiado los felinos hasta que llegó Clementina y se apoderó de su casa cual reina que, más por vestuario que por origen, reclama su territorio esgrimiendo su estirpe puramente gatuna. Cuando quiso acordarse, la comitiva de Clementina, formada por tres mosqueteros de personalidades bien diferentes -Monipodio alias “Gato Negro”, Chiquiznaque alias “Benito” y Repolido alias “Felipe”-se instaló a sus anchas en su casa. Bondadoso y campechano, Felipe es el pibe de barrio que pierde su tiempo en la verdulería, juega con sus amigotes a las cartas y sociabiliza con cuanto animal de dos o cuatro patas se le cruce. Benito es fiestero y pachorro, combinación posible en un gato. Está un poco excedido de peso, tal vez porque acapara las bolsitas de cumpleaños repletas de golosinas. Gato Negro no es el que era. Antes malevo y temerario, podía fulminarte con la mirada y dejarte cuadriculado de arañazos si lo provocabas. Ahora su mirada sigue siendo fiera, pero algo de temor se le cuela por las pupilas. Prefiere estar aislado, mirar desde un rincón, envuelto en sombras protectoras. Aún sigue siendo el más elegante y sofisticado. No le gustaría saber a Clementina estas cualidades atribuidas a Gato Negro, pues ella se comporta como la lady de la casa, altanera y despótica cuando de alimentos se trata. De ojos bellos, es la chica que se cree irresistible. Y para el corazón de Cristina, así lo es. Acompañada por estos cuatro personajes de tamaña riqueza de carácter, la casa de Cristina se convierte en una extensión de los escenarios que suele transitar y vivir intensamente.



Phoebe y Popea. Óleo y Lápiz acuarelable sobre papel. 2011



Para Beatriz Mercedes Vergara Camacho Popea fue el regalo más preciado de su vida. Dulce con los de la casa y brava con los extraños, Popea sabía trasmitir paz, la misma que un cielo despejado o un mar calmo. No tenía mucha experiencia en el juego cuando llegó a la vida de Beatriz, así que ella le enseñó uno de los juegos más simples y divertidos para los perros: jalar de una media con fuerzas hasta que una de las dos lograra arrebatársela a la otra. El regazo de su dueña era su casita tibia y segura dentro de la casa, aunque también la terraza era tentadora si se inundaba de sol. Cuando Phoebe llegó a la casa, Popea vio amenazado su lugar privilegiado de dueña y señora. Marcó su autoridad frente a Phoebe de las formas acostumbradas y también de otras formas extrañamente cariñosas: limpiarle las orejas a Phoebe a lambetazos. Phoebe es alegre, saltarina y eléctrica. Adora los juguetes, sobre todo los que roba a los nietos de Beatriz y atesora en su camita. Su gran debilidad es el papel tissue: se transforma en una verdadera artesana del arte en papel, el origami canino. Phoebe y Popea lograron limar asperezas, volverse compañeras y chicanearse mutuamente como parte de un ritual amoroso de convivencia. Popea compartió con Beatriz 9 años maravillosos. Todavía se la extraña. Murió en brazos de Beatriz a principios del 2011. Su último esfuerzo fue levantar levemente la cabeza para mirar a su dueña a los ojos. Es lindo pensar que se llevó la mirada de Beatriz con ella, una mirada que la seguirá guiando y acompañando donde sea que esté, en el Cielo de los Perros si es que existe tal cosa. Beatriz está tranquila: sabe que mientras estuvieron juntas ella supo mimarla y hacerla feliz.




Eros y Afrodita. Óleo y Lápiz acuarelable sobre papel.  2011


La infancia de Eros y Afrodita transcurrió bajo el ala maternal de la Coca Sarli. Una especie de Jardín del Edén, entre promiscuo y bucólico, era el escenario de una treintena de quelonios. Tiempo después, el destino quiso que el contingente verde y cuadriculado fuera a parar al zoológico. Allí se obstinaron en negarse al alimento, tomadas por la depresión y el escarnio del público. Los cuidadores encontraron el remedio: darlas en adopción. Así es como, después de estas peripecias dignas de una odisea, dos ejemplares llegaron a manos de Eugenia Viña, quién inmediatamente las arrastró a una desopilante sucesión de mudanzas. Será que las tortugas llevan su casa a cuestas la razón por la cual la vida ambulante les sienta bien. En una de sus felices mañanas de mate y lectura en la cama, Eugenia leía algunos fragmentos sobre tortugas del libro Revelación de un Mundo, de Clarice Lispector, que así decía: “¿Cómo entender a una tortuga? ¿Cómo comprender a Dios? El punto de partida debe ser No sé, lo cual es una entrega total.” Su mirada periférica desvió la atención del texto para anclarse en dos pares de ojos: Eros y Afrodita estiraban la cabeza exigiendo quién sabe qué cosa, tal vez sintiéndose protagonistas del pensamiento de su dueña. Eugenia supo inmediatamente que debía tener un retrato de sus tortugas. “Silenciosas, abstractas e independientes, dan pie para imaginar todo, dan pie a la locura.”, las describe Eugenia. Una primavera descubrió, de manera escandalosamente orgánica, que ambas tortugas eran en realidad machos y que gustaban copular entre sí por tiempos tan prolongados como solemos pensar que es de prolongada su inactividad. Las apariencias engañan. Nadie sabe todo lo que puede llegar a esconder un caparazón de tortuga.



Zoilo y Zenón. Tinta y óleo sobre papel. 2011


Pedro Güiraldes, desde el sillón naranja que antes fuera de su suegro, el padre de María Casado, habla de los paisajes que ha explorado y en sus ojos se podría jurar que ya no se refleja el ambiente de su casa sino matices de verdes lagunas, ramas de árboles añejos, páramos infinitos, florestas espesas y mesetas amarillas. Pedro viaja todo el tiempo, incluso cuando está en su casa. Y nos lleva de viaje con sus relatos. Su programa de TV es una de las formas, generosas y entusiastas, que encontró Pedro para compartir las maravillas que han quedado impregnadas en sus ojos, los sitios remotos adonde la práctica de la pesca con mosca lo ha llevado, para poner en práctica ciertas virtudes nada fáciles de alcanzar: el disfrute en la lentitud y la espera, la camaradería en la travesía y una soledad que es amable cuando se está bien consigo mismo. Zoilo y Zenon -sus muchachos- bonachones, inquietos, maleducados y por sobre todo leales, después de intentar comerse todo lo que los rodea, desde libros de arte hasta medialunas, se acuestan en la alfombra y escuchan a su dueño. Es increíble, pero la mirada de estos canes oscuros y nobles se pierde al mismo ritmo que la de Pedro en los recovecos del paisaje. Zoilo y Zenón, padre e hijo, están ahora al borde de la laguna, acompañando a su dueño. No sabemos adónde irán después. Por suerte, ellos tampoco. Y no les importa. Todo es presente, alegría pura del saber estar aquí y ahora.


Mascotas de Villa Jardín, San Fernando. Óleo sobre papel. 2011


En el Barrio Villa Jardín, en San Fernando, no es raro que un perro pertenezca a tantos dueños como casas hay en el barrio. A veces, la calle es la casa principal y el resto de las casas se vuelven sucursales temporarias donde repararse del frío o la lluvia y ofrecer el lomo a la caricia reconfortante. La tarde del 31 de Agosto se nos brindó fresca y soleada. La primavera se atrevía a mostrar sus brotes color verde-nuevo en la huerta de Zona Imaginaria, la casa en Villa Jardín que Lucrecia Urbano inventó para albergar y estimular la imaginación de los pequeños artistas vecinos y de los artistas que vienen de países lejanos. Decía que la tarde estaba espléndida cuando decidimos salir con una pandilla de chicos del taller de arte a recorrer las calles del barrio. ¿El objetivo? Los chicos me presentarían a las mascotas del barrio y yo tomaría registros para luego pintar un retrato. La timidez que tuvieron al principio los chicos frente a la cámara al hablar de sus mascotas se disolvió velozmente en la cacería. Por todas partes asomaban perros de todo tipo de raza y morfología, nombrables e innombrables. Y si no aparecían los canes, nos trepábamos a las rejas o golpeábamos puertas para solicitar su presencia. Max, Oso, la gata Michi, Chispita, Negro, Daisy, el loro Pepo, la tortuga Tortuga, Pinky y otros tantos de los cuales fue imposible dilucidar el nombre desfilaron en un casting caótico y casual. Hete aquí el resultado de la excursión. Gracias a los chicos de Villa Jardín, a los vecinos y a Lucre por guiarme en esta insólita exploración.



Bombón. Lápiz acuarelable, tinta y óleo sobre papel. 2011


Isabel Güiraldes (Ichi para los amigos) adora las mariposas, el color rosa oscuro, el lila, los corazones y fabricar tapitas de alfajores para el comedor. Pero lo que más adora es a Bombón, su compañera canina. Bombón es pícara y tiene el innato don de conquista. Se integra fácilmente a las reuniones sociales, en una casa que respira arte y tiene sus puertas abiertas para visitantes sensibles. Parece que el amor de Bombón es inagotable y no exclusivo. A todos, extraños y conocidos, les recibe con la misma bondad saltarina, aunque sabemos bien que su corazón le pertenece a Ichi. Si bien su tamaño y contextura no permite desmesuradas muestras de valentía, Bombón no duda en arrojarse al inmenso mar si de salvar a un ser querido se trata. Incondicional y divertida, Bombón siempre será la niña mimada de Ichi. Y viceversa.


Harry, Dorotea, Trébol y Sasha. Óleo sobre papel.  2011




En Lomas de Zamora hay una casa con un amplio jardín al fondo. No es cualquier jardín. Es el hábitat de Harry (un conejo adorable), Dorotea (un palomo elegante con nombre de mujer), Trébol (un caballo de mirada mansa y dulce) y Sasha (una gata negra que es la reina del zoo doméstico). Por si fuera poca fauna variopinta, encontramos cientos de canarios de colores impensables, un hámster y más palomas. Alejandro Covaia, mejor conocido como Arcángel, tuvo un sueño en la vida, que a fuerza de empeño y fe hizo realidad: ser mago. Y una pasión: los animales. Harry y Dorotea son sus compañeros y cómplices en el arte del ilusionismo. Ídolos de niños y también de adultos; pues no hay quien no caiga embobado (o patidifuso diría Ale) al presenciar la transformación de una paloma en un conejo durante el número más esperado de su show. Le pregunté a Ale con qué soñarán Harry y Dorotea y me contestó sin dudar: “con niños sonrientes y asombrados”. No sería raro que Harry y Dorotea se hayan infiltrado a su vez en las aventuras oníricas de sus pequeños espectadores.




Rita. Lápiz acuarelable y óleo sobre papel. 2011




Guadalupe Gaona habla de Rita y en pocos minutos olvidamos que se refiere a una perra y no a una persona. La gracia y dulce espontaneidad de Rita le ha ganado muchos admiradores y fans. El primero de ellos Fabián Casas. Cuando la conoció, este hombre recio y literario, hincha de san Lorenzo, cayó rendido a sus pies. O patas mejor dicho. Rita es el sol de la casa. Hasta hace poquito. Ahora comparte el estrellato con la pequeña Ana. Así como Rita tiene sus fans que la acompañan en su viaje al cosmos con Mariano, también es acechada por fantasmas y obsesiones. La tostadora eléctrica es su peor enemiga. Sus dotes de guardiana se deshacen al leve chasquido de la tostadora asesina. Si se la pedís, te da la pata como una damisela que espera ser besada. Como buena mujer, conoce el arte del disimulo, se hace la dormida cuando le conviene. Ya exploró el cosmos y el corazón de sus dueños. Quisiéramos saber adónde irá Rita en busca de nuevas aventuras. Esperamos ansiosos nuevos episodios.




Dinosauria. Lápiz acuarelable y óleo sobre papel.  2011



Para Romina Salem la soledad en Cabo Polonio no era motivo de inquietud: la gran custodia de Dinosauria alejaba cualquier fantasma de peligro. Enorme, tierna y servicial, Dina es capaz de llevar el bolso de las visitas con una amabilidad de botones. La amistad entre Dina y Romina surgió con la protección mutua, en la soledad de una casa grande. Dina tiene sentido del humor y no soporta fácilmente la soledad, aunque mantiene su independencia y una distancia prudencial, siempre y cuando sepa que sus dueños están a su alcance, sanos y salvos. Por su tamaño, Dina puede producir temor o curiosidad y siempre, siempre, admiración. Jamás pasa desapercibida. Se empeña en estar a upa, aunque tres cuartas partes de su cuerpo queden afuera de la falda. Según Leo, Dina podría tener un diario de aventuras: el episodio del supuesto asesinato de la oveja, el día en que el zorrino le orinó la cara, el encuentro con la ballena, el episodio de los lobos marinos muertos y tantos otros. Como buen escultor, Leo la describe perfecta en sus formas, elegante, flexible, fuerte y estilizada. La estatuilla que modele en su honor, junto con este retrato, serán los homenajes a esta especie de Diosa canina llegada del medioevo. Muy pronto vendrá Fresia al hogar y, naturalmente, Dina se irá filtrando en sus fantasías infantiles, como un caballo plateado que la llevará de paseo a tierras desconocidas.



Malena y Sultán. Lápiz acuarelable y óleo sobre papel.  2011



La Bella y la Bestia serían los equivalentes perfectos de Malena y Sultán. Suave, dulce y un poco quisquillosa, Malena es la gran damisela entrada en años que ha vuelto a vivir la adolescencia desde la llegada de Sultán. Finge fastidiarse con sus embistes, como si Sultán fuera de otra clase y estirpe, tan guarango y escatológico, pero en verdad Malena lo necesita y no le cuesta tanto caer en la tentación de unirse a los instintos brutales de Sultán. Se convierten entonces en un dúo dinámico del zafarrancho. Destrozar colchones, cavar pozos como un topo, correr alocadamente por el parque son sus actividades habituales. Lucrecia Urbano se divierte mirándolos. Será porque ella misma tuvo su infancia salvaje en Córdoba, con una cigüeña como primer mascota, saltando entre cactos espinosos y piedras, los mismos cactos que viajaron desde la sierra y hoy viven en su jardín en Buenos Aires. Transplantar, ver crecer, crear, habilitar espacios poéticos, sociales y propensos al nomadismo, es algo que Lucrecia conoce muy bien. Todo ello implica un caos, una constante transformación. No es de sorprender que Sultán y Malena se hayan integrado tan activamente a su vida, pues ellos también adhieren al caos creativo, que por supuesto, implica un poquito de destrucción.




Lucerito. Lápiz acuarelable y óleo sobre papel.  2011



No hay pelota que se le resista. No importa el tamaño, si algo redondo rueda, sea de básquet, de tenis o de goma, ahí va Lucerito atrás, veloz y contenta de poner en práctica sus habilidades lúdicas. Adriana Chillo la lleva a todas partes. Si van a la playa, la correa es larguísima, para que Lucerito corra a sus anchas y sociabilice con cuanto bicho encuentre en el camino. Por más lejos que vaya en busca de aventuras, Lucerito siempre vuelve a su hogar. Parece comprender que la libertad no es sólo poder ir muy lejos sino estar donde se quiere.



Lola. Lápiz acuarelable y óleo sobre papel. 2011



Han pasado los años, pero Lola conserva aún los reflejos de una época gloriosa. Como una diva del pasado, sus ojos, ahora legañosos, despiden brillos dorados y poderosos. Es la gran dama dedicada al reposo y al ocio, que observa inmutable el movimiento de los variopintos animales del Delta a su alrededor. Patos, pavos, carpinchos y córvidos negro azabache exploran el Reino de Lola bajo su supervisión. Sonia La Torre, la mamá de Lola, disfruta cada día de este ecosistema privilegiado cuyo corazón es un río frondoso.





Coqueta. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel.2011



Versátil y pícara, es fácil para Coqueta salir airosa de cualquier casting. Puede reemplazar a Kirsten Dunst como la novia canina de Spider Man ó interpretar sin problemas al lobo gigante de la Princesa Mononoke. Fuera de la ficción, Coqueta es la hija primogénita y mimada de Luli y Mati. Este año sus papás decidieron casarse y pasear en la bicicleta doble del matrimonio. Por nada del mundo Coqueta se pierde este paseo que inició hace un tiempo y del cual ella es testigo fiel. Corretea, jadeando y contenta, a la par de los ciclistas. Dentro de poco, luego del estreno de su ópera prima “Medianeras”, no se sorprendan si ven a Coqueta a la salida del cine, firmando autógrafos como una Lady Gaga perruna. Fuera de los reflectores, la Coqueta de todos los días, te recibirá a los saltos en su casa, con el pelo anudado, medio sucia y campechana. Bien casual. Glamour, chic y fama, pero sin distancia. Ése es el secreto encanto de Coqueta.





Alonso. Lápiz acuarelable y óleo sobre papel. 2011



Mónica Müller es una mujer franca, curiosa e imaginativa. No es raro que Alonso, una iguana, haya conquistado su inteligencia y sea el blanco de su fascinación. Cuando llegó a la casa, Alonso cabía en la palma de la mano y era macho. Ciertos cambios anímicos bruscos dieron las pistas para la sospecha que una radiografía vino a confirmar: Alonso, con su abdomen repleto de huevos, era definitivamente una hembra. La decisión fue práctica: el nombre de pila pasaría a ser el apellido. La Srta. Alonso es extremadamente rutinaria, no inspira lástima, no pide nada y tiene una capacidad de inmovilidad hipnótica. Este ser anacrónico, invoca un respeto ancestral. Es un pedazo de prehistoria que, suelto por la casa, se mezcla inquietantemente con las cosas que el ser humano fue inventando para camuflar su primitivismo. Alonso es concisa en sus señales: si tiene miedo se pone completamente blanca, si está de malhumor se torna oscura. Si la estamos fastidiando con caricias nos indica que la dejemos en paz al solcito, levantando una de las patas delanteras morrudas, impresionantemente humanas. Toda persona que ande sin vueltas en la vida sabrá apreciar que la más adorable de las virtudes de Alonso es su mala onda. No es un perro, tiene pocas pulgas. O ninguna. Y eso la hace confiable, como una roca milenaria hecha de capas geológicas de resistencia y sabiduría.





Tobias. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010

Hay anhelos profundos que si no encuentran el sitio propicio para expandirse se marchitan lentamente, y ese exceso de amor, brillante y futurista en sus raíces, queda estancado y sin destino. Es entonces cuando la tristeza llega de visita. Es una señora sombría que trae un pesado equipaje y amenaza con instalarse en nuestra casa por tiempo indeterminado. Abre una de sus inmensas maletas y deja escapar espesos nubarrones que se adhieren al cielo. Marta Bazan contemplaba los nubarrones con firme dulzura. Su esposo Marcelo interpretó su mirada. No se dejaron vencer por la apariencia del cielo. Y fueron en busca de un hijo. Así llegó Tobias al hogar. Dulce como su mamá y leal como su papá, Tobías trasmite autoridad en cada una de sus sabias actitudes. Pequeño pero infinito, Tobías llegó para cambiarles la vida. Entonces los nubarrones se volvieron blancos y esponjosos, muy parecidos a Tobías, y los rayos del sol se filtraron nuevamente inundando de tibieza la casa.



Tobias, Stefy, Papu, Loly, Tyson, Rebeca y Joel. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010



Tobías fue el responsable de la vuelta de la alegría al hogar de Marta y Marcelo y ellos decidieron retribuirle el gesto buscándole una novia. Stefy, una coqueta y lady bichón frisé, se transformó de inmediato en la esposa perfecta para Tobías. Pero el amor tiene el don de multiplicarse y Marta y Marcelo no pusieron objeción. Stefy dio a luz, valientemente, mientras Tobías aguardaba fiel y preocupado en la puerta de la sala de parto, seis cachorritos: Rebeca, Joel, Papu, Tyson, Loly y Mika (que vive actualmente en el sur). Al principio, toda la pandilla se asemeja a ovejas o pompones blancos brincando por el parque. Sin embargo, hilando fino, cada uno de ellos es único. Papu es tímido, solitario y sensible, muy faldero de la mamá de Marta. Joel es la oveja negra y, junto a Rebeca, pícara y astuta, forman un dúo dinámico y explosivo. Loly, la más pequeñita y frágil, la más malcriada y rococó, sabe cuando hacer valer la ventaja de los débiles. Tyson es el más grande y el más tierno. Tobías, protector y guía del rebaño, los cuida amorosamente. Marta y Marcelo miran como sus hijos corretean felices entre las flores. Atrás, el rumor de la cascada es la banda sonora perfecta para una familia feliz.


Paco y Homero. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010



¿Un color para definir el carácter de Homero? ¿Y para Paco?
Elegiría para Homero los tonos azules, tiene un carácter muy transparente, reflexiona Carla Antonione, y para Paquito los tonos rojos, él es mas tremendo…es un caradura!
Homero llegó a la vida de Carla hace 5 años. Fiel, cariñoso y sensible, el lugar predilecto de Homero es allí donde Carla esté. Paco llegó unos meses después. Gracioso, travieso y juguetón, se ha hecho la sombra de Homero, siempre pegado a sus talones. Sólo se separa si existe un motivo muy poderoso, como perseguir una pelotita o robar tesoros para llevar a sus escondites. Dominante y acostumbrado a ser el rey de la casa, Homero no repara en el tamaño ni la fuerza de sus adversarios cuando sale. Tal vez supone que va a visitar las extensiones de su reino y que los canes con los que se cruza son sus súbditos. Así fue como, durante un paseo por el río, al desembarcar en una playa se dedicó a atacar a cada uno de los perros del lugar, hasta toparse con el jefe de la manada. Carla intercedió antes de que Homero se convirtiera en bocado para el jefe. Paquito, en cambio, sólo se hace el guardián desde la vereda de enfrente pero ante la primer amenaza de cercanía mueve la cola e intenta, estratégicamente, hacerse amigo del enemigo. Cada uno a su forma, Paco y Homero son reyes, no en una playa ni tampoco en la calle, sino en el corazón de su dueña, un lugar muy confortable donde se sienten libres.




Hendrix y Trixie. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010


¿Tres adjetivos para definir a Hendrix?
Quechuchista (quemeimportista), irónico y engreído, declara sin dudar Rodolfo Kronfle Chambers, mientras su esposa, Melissa, busca los adjetivos adecuados al carácter de Trixie que no tardan en venir: Cariñosa, dominante y ágil.
Tal vez haya sido el episodio traumático del auto que lo arrolló cuando era apenas un bebé, lo que hizo de Hendrix una especie de fantasma rockero, de mirada profunda y andanzas nocturnas prolongadas, cazador empedernido y hacedor de escenas macabras con plumas danzantes y restos de pájaros por doquier. Enigmático, excéntrico y mal llevado, pero de buen corazón, si por casualidad descuida su personaje y deja entrever su cariño derrite a sus dueños. Cuando Trixie llegó a la casa, trajo luz al mundo de Hendrix, cosa difícil de asimilar al principio para un habitante de las tinieblas. Vivaz y coqueta, con su pelaje de trazados elegantes y la gran “M” de Meteoro en su frente, Trixie busca la compañía del solitario Hendrix. Así es como Hendrix, cediendo ante los encantos femeninos, la integró a sus andanzas y decidió iniciarla en los secretos de la caza. Cierto día, Trixie depositó la mitad de un polluelo sobre la cama matrimonial, cual ofrenda de una buena alumna. No hace mucho la familia se agrandó: Trixie dio a luz a sus propios polluelos. Ahora Trixie y Hendrix comparten sueños: una sábana llena de pájaros para perseguir y un frondoso olivo desde donde observar el mundo.


Mimi y Lara. Lápiz sobre papel. 2010



Mimi es fan del amanecer. Pacientemente, espera cada día las primeras luces que esparcen su claridad sobre el río plateado. Contemplativa y reflexiva, Mimi se hizo parte del hogar de Gustavo Ramilo y Liliana Diez. Su timidez no fue una barrera para conquistar sus corazones y establecer un lazo sólido, casi como una hija, con sus tutores. Tiempo después, la aparición de Lara fue un torbellino para esa armonía. Hiperquinética y traviesa, Lara revolotea por toda la casa, molesta torpemente a Mimi y su curiosidad la lleva a estar en constante movimiento. Con el tiempo, Mimi supo aceptar a Lara como parte de la familia. Encontraron el delicado equilibrio del complemento. Ahora “las chicas” como Gustavo suele llamarlas, se han hecho hermanas inseparables. El lazo que las une es tal vez el reflejo del amor y respeto que Liliana y Gustavo se profesan.



Ona y Tai. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010

Ona y Tai se acomodan en el cálido regazo de su mamá, Alicia Belous, y es difícil distinguir, en esa aparente simbiosis blanca, donde termina una y empieza la otra. Sin embargo, cuando Alicia describe el carácter de cada una, las diferencias comienzan a tomar consistencia. A medida que el relato de Alicia avanza, un análisis profundo teñido por su mirada psicoanalítica, resulta casi imposible confundir a Ona y Tai. Observadora y sensible a los cambios domésticos, Ona posee la serenidad de un buda. Su sensibilidad no le altera los nervios, pues tiene la sabiduría necesaria para mantenerla en un sano equilibrio. Mientras tanto, su compañera Tai se sumerge en los avatares propios de un melodrama. Sabe fingir oportunamente un desmayo, llorar con desesperación, insistir hasta el hartazgo en busca de atención e irradiar una alegría hiperquinética a su paso. En este sentido, Ona y Tai se complementan a la perfección. Alicia se divierte en sus viajes, siendo testigo de esos mundos de superficies brillantes y excesivamente maquilladas. Intuitivamente detecta la fisura que deja lugar a lo siniestro. Una mirada superficial ubicaría a Ona y Tai en lo puramente decorativo, en muñequitas para peinar y vestir. Alicia juega hábilmente con esa ambigüedad, conciente de la verdad de aquel dicho: “Las apariencias engañan”.





Cookie. Lápiz acuarelable, acrílico y glitter sobre papel. 2010


¿Qué tienen en común los gatos persas y las orquídeas?
Es una belleza exótica. Una belleza que exige cuidados y saberes específicos, mucha dedicación y un amor incondicional. Pero si todo eso está, y si puede sostenerse en el trajín cotidiano, que es cuando el amor prueba que es amor, entonces esa belleza no es una carga, sino que es pura gratificación y uno puede entregarse a la dulce hipnosis de la contemplación. Ana Meuser entiende esto. Entiende el compromiso que trae consigo la belleza. Y junto a su marido José Moschini, asumieron hace años la crianza de gatos persas. Se enamoraron. Ese amor se multiplicó y cuando se dieron cuenta su hogar estaba poblado de esas criaturas adorables y apacibles de cara chata. Junto con las orquídeas, los gatos persas son su pasión y, como toda pasión, también su debilidad. Y hablando de debilidades, hay uno, entre los tantos, que es la debilidad de Ana. Le dicen Cookie, aunque su nombre completo es: For my eyes only. Cookie es el único con pase libre y estadía exclusiva en el aposento matrimonial. Sobre el acolchado rojo, Cookie reposa, inmutable, dulce y suntuoso, como si una larga hilera de súbditos estuviesen esperando para tener el honor de acariciar al Rey Blanco.




Pampa. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010



Desde la cumbre de la montaña todo se ve diferente. El paisaje no tiene límite. Lejos, muy lejos, comienza a fundirse y se transforma en atmósfera. Es allí donde la visión del hombre encuentra su límite. Juan Pablo Scarpa lo sabe. Ha transitado los senderos de la montaña durante años. No le asusta la soledad de las alturas, pues hay un hogar adónde regresar luego de las travesías. Y allí lo espera Anabella, la mujer que ama. Y allí también lo espera Pampa. Compañera, mimosa y traviesa, el alma de Pampa es color naranja: cálida pero no estridente. Dicen que en Chacabuco, Mendoza, Pampa conoció a una vaca y la miró con curiosidad y respeto. Si por casualidad se cruza con un gato, en lugar de comérselo se pone a llorar. Cierta vez, Pampa enfrentó a una abeja y perdió el combate. Volvió a casa con las orejas y la cara hinchada. El paisaje predilecto de Pampa es el Parque Gral. San Martín. Allí corre libremente, se sumerge en el lago y toma largos baños de sol. Al igual que sus dueños, Pampa sabe disfrutar con valentía de la variedad de paisajes que ofrece la vida.




Lita. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel.  2010


Lita es multifacética y única. Las manchas en su pelaje se esparcen graciosamente, de forma asimétrica. Y mutan como sus personajes. Lita Mapache. Lita Love. El dios de los gatos seguramente se habrá divertido mucho inventando a Lita. De la misma forma que Verónica Calfat se divierte conviviendo con ella e imaginando sus andanzas. Podría ser la estrella de una historieta. Saltando entre pompones flúo, muñecos norteños o cerezos de un haiku japonés. Lita podría estar en cualquier parte, su curiosidad la llevaría a jugar en la selva amazónica o en el desierto. Y su inmovilidad contemplativa la haría integrar a la perfección uno de los delicados paisajes glaciares con casas flotantes pintados por Vero.




Cambá. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010



Alicia Rodríguez está rodeada de recuerdos queridos. Ningún objeto es irrelevante. Cada cosa en su casa tiene una historia afectiva que ella cuenta pausadamente, haciendo uso del suspenso y las inflexiones de la voz, como si se tratara de una fábula para niños. Entonces, cada objeto es parte fundamental de un árbol genealógico. Y en ese árbol genealógico hubo también un árbol, un frondoso cedro que vio crecer a sus tres hijos varones. Cambá llegó un día frío de agosto, durante una tormenta. Su pelaje color miel era un toque cálido en el paisaje azul negruzco. Desde el umbral, no lloró. No ladró ni imploró. La dulzura en la mirada de Cambá era lo suficientemente tenaz como para ir ganando espacio en el árbol genealógico. Sólo era cuestión de tiempo. Su estrategia no fue inspirar lástima, sino actuar como si Alicia ya fuera su dueña. Así fue como Cambá se hizo parte del hogar y el hogar se hizo parte de ella.




Kuky. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel.  2010



El hogar de Kuky es cálido, artesanal y rococó. Almohadones, muñecas de porcelana, flores bordadas, peluches, exquisitos pasteles horneándose, todo tiene el sello de la sensibilidad femenina. Stella Maris Rodríguez Calvo sabe combinar texturas, perfumes, sabores y pensamientos místicos. El tiempo dentro de la casa no se ajusta a las agujas del reloj. Es un tiempo religioso. Las tareas domésticas se transforman en rituales provistos de un sentido espiritual, casi mágico, que conjuga saberes diversos, desde el Feng Shui a los descubrimientos culinarios. Kuky se integra armoniosamente a ese universo. Graciosa y tierna, descansando en su almohadón rojo, el color preferido de su mamá, uno podría pensar que Kuky fue también delicadamente bordada por Stella.




Reina. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010



Leonardo Geluda es un hombre de negocios. Pero el amor incondicional que Reina le profesa no tiene precio. ¿Cómo lo conquistó Reina? Es fácil intuirlo cuando se la observa un rato. Es mansa y amable. Apacible y cálida. Sabe acompañar sin fastidiar. Puede pasar horas junto a Leonardo mirando películas de acción o la colección completa de El Encantador de Perros. Como la protagonista de La Dama y el Vagabundo, a quien debe su nombre la mascota, Reina ha sabido ganarse el protagonismo y la atención, como una verdadera estrella. Su belleza reside en la bondad que irradia. Y su sensibilidad es tan profunda que capta la atmósfera familiar y la somatiza. Reina es, sin lugar a dudas, un miembro más de la familia.





Oreo, Sam, Neil, Ronnie, Nemo y Jack. Lápiz acuarelable sobre papel.  2010



Cuando permanecen quietos, Sam y Jack parecen estatuas modeladas en arcilla colorada. Pero cuando están en movimiento, sacudiéndose el chorro de agua de la manguera con la que Cathy Fulop dirige un juego agitado y divertidísimo en el jardín de la casa, su cuerpos musculosos se expanden en una fuerza noble, una fuerza infinitamente sabia y ubicada. Cathy los mira profundamente a los ojos y la mirada que devuelven es tan humana que uno podría llegar a creer que son tipos disfrazados. Difícilmente Oreo deje su posición un tanto hedonista para sumarse a los ejercicios en el jardín. Preferible darse un atracón, con comida propia o ajena, lo mismo da. Y entregarse luego muy oronda a largas siestas en los rincones más tranquilos de la casa. Ronnie en el centro, siempre en el centro de la escena. El más mimado y el más dependiente. Adónde vaya Cathy ahí va Ronnie detrás, moviéndose por la casa como un peluche simpático e inquieto. Un poco más lejos, Nemo, gracioso nombre de pez para un gato, juega con los álbumes de fotografías familiares que registran historias, tristes o felices, acontecimientos importantes o momentos aparentemente intrascendentes. Fotografías amorosamente tomadas por Cathy, donde todo se mezcla sin jerarquías, porque todo es parte de la vida. Incluso la muerte. En la memoria, Neil sigue sonriendo dulcemente.





Perlita y Venecia. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010


Silvia Gurfein pensó que una mascota era una buena manera de practicar un contacto afectivo dentro de su hogar. Y no se equivocó. Así llegó Perlita. La resistencia de Silvia fue breve, Perlita la conquistó con sus encantos. Amorosa y compañera, Perlita se comporta a veces como la hija de Silvia y otras como la madre, alternando roles perspicazmente, según el estado de ánimo de su tutora. Meses después la familia se agrandó. Perlita dio a luz a Venecia. Y Silvia la incorporó a su bello universo, su casa que exhala arte desde las paredes. Salvaje y distante, Venecia en nada se parece a Perlita. Acepta la convivencia y las ventajas de un hogar pero no reconoce la autoridad. Con una mirada feroz delimita su territorio. Cada tanto busca el contacto, pero es ella quien decide cuándo y hasta dónde. Tan distintas entre sí, Perlita y Venecia son quizás dos formas del amor. Dos maneras no necesariamente contradictorias. Dos vías que confluyen y se concentran en Silvia.




Sisi. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010



Dicen que el primer amor nunca se olvida. Tal vez es demasiado pronto.
Sisi fue la primer mascota para Marcelo Veloso. Y por ahora es la última.
Pues en la casa, los rincones guardan todavía como un eco los ladridos de Sisi.
Su correteo alegre, su ir y venir sacudiendo frenéticamente la cola, sus cabellos negro azabache arremolinados en el juego. Respetuosa y compañera, siempre dispuesta al paseo y, curiosamente, al aseo en la bañera. Sisi solía pasar largas horas mordisqueando huesos, o reposando en la cama junto a su dueño.
Sisi se despertaba al amanecer, radiante y de buen humor.
Seguramente, el Paraíso de Sisi es un lugar desbordante de luz. Desde allí sigue cuidando cariñosamente a Marcelo.




Pocho. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010


¿Si tuvieras que elegir un color para Pocho cual sería?
Azul. Azul Cielo. Contesta Alejandro Vautier sin dudar. Y mira por la ventana el cielo diáfano de la tarde de otoño.
Para Jaime, en cambio, Pocho es Rosa Flúo.
Y en esa duplicidad de criterios, Pocho distingue como será su comportamiento ante cada uno de sus amos. Sabe bien que Ale es el padre, el macho Alfa. La autoridad. Y que Jaime es el hermano compinche, con quien puede pasar horas probándose disfraces, posando ante cámaras invisibles y haciendo berrinches si es necesario. Como una diva, Pocho taconea con sus uñas sobre el piso de cemento. Entonces la casa se convierte en pasarela. Desde las estanterías, un público dispar, enanos, patos, mulas y robots, lo aclaman Rey. O Reina. Pocho está feliz. Tiene el mundo entre sus patas.




Juanita. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010



Como una sombra blanca, Juanita se pega insistentemente a los talones de Leticia Lombardi, su mamá. La protección llega de formas diversas: el hueco debajo del sofá, la tibieza de un cuerpo querido, una falda amplia y floreada…Todos son posibles refugios. Resguardada, Juanita irradia ternura. Definitivamente, dan ganas de abrazarla. En su puesto de vigía junto al Buda, en lo alto de la escalera, Juanita festejó incontables veces la llegada de Leticia y Tomás a casa. Cuando sus tutores salen de viaje, Juanita pasa el tiempo en el consultorio de Gabriel Lombardi. Desde el diván, los sueños de los pacientes se filtran por debajo de la puerta para mezclarse con los sueños de Juanita. En el paisaje onírico canino, la sombra de Juanita flota plácidamente en el cielo azul.





Mili. Lápiz acuarelable sobre papel. 2010


Mili llegó en Navidad. Julia Vexina la encontró debajo del arbolito, sumergida entre cajas forradas con papeles plateados y moños. Luego de enviarle la carta a Papá Noel, con su letra torpe de los 4 años mezclada con la letra de mamá, Julia se dedicó insistentemente a preguntar si faltaba mucho. La había esperado tanto que cuando la vio quedó muda, con el susto que provocan los sueños hechos realidad. Su hermana Malena era aún muy pequeña para pedir regalos pero no tardó mucho en sentirse co-propietaria del obsequio.
Ahora Mili es parte del paisaje doméstico. Entre sapos y calesitas, ejerce amablemente su oficio de niñera y acepta obedientemente ser el caballo del carruaje de princesas, el monstruo que acecha desde mares imaginarios ó el vigía de la Isla del Enano.





Miguelito. Lápiz acuarelable y tinta sobre papel. 2010

Los lirios balanceados por el viento acarician el lomo de Miguelito recostado en su palco, el balcón repleto de plantas que Caro Urresti cuida con dedicación.
Maine Coon, gato-mapache o pibe de barrio; Miguelito, gigante en reposo, conciente de la fuerza que posee, observa minuciosamente sus pertenencias. ¿Los muñequitos navideños serán sus amigos? A veces, su cuerpo se contorsiona al ritmo de las banditas elásticas, su juguete preferido. Durante el día, cuando Caro va a trabajar, Miguelito se adentra en el bosque otoñal, en busca de sus parientes lejanos, los mapaches. Tal vez allí, la caja de bombones con forma de casita sea lo suficientemente grande como para albergar a Miguelito.





Reina. Lápiz acuarelable y acrílico sobre papel. 2010


Damián Augusto Lupacchini conoció a Reina hace 4 años en el cordón de la vereda de una peluquería. Él sólo estaba esperando por un corte de pelo. Cuando el local abrió sus puertas ella entró también. Y se quedó. Reina lo eligió antes de que él supiera que la necesitaba.
Desde entonces Reina ilumina y da movimiento a la casa de Damián, saltando entre los libros apilados que forman columnas por doquier. Algunos libros son puertas hacia una nueva dimensión en la vida del tutor de Reina.
El primer juguete de la infancia de Damián y la jaula heredada de la tía abuela de 104 años son testigos silenciosos de las siestas de Reina. Y tal vez el Indio Solari tenga razón, tal vez Reina maúlle al soñar…y eso es más que suficiente para querer consentirla.





Brita y Rea. Lápiz acuarelable sobre papel. 2009


"Las perras toman la forma de un Ekeko. Son diosas de la abundancia atiborradas de dones y obsequios pero también el ying yang: entrelazadas por las patitas delanteras como los tallos de las rosas del primer plano, son un alma separada al nacer."
María Gainza
Tutora de Brita y Rea.




Felipe. Lápiz acuarelable y metalizado sobre papel. 2009




Es Joe Pesci- dice Tomás Lerner con total convicción.
Sí, Felipe es un capo mafia del universo canino.
Lidia Barugel, en la visita guiada a su casa, me cuenta que el sillón de cuero rojo indio es el sitio preferido de Felipe, allí pasa la mayor parte de su tiempo. Desde este confortable trono Felipe gobierna.
Felipe es un rey, simpático, tirano y altanero. Y sabe que su arma de conquista más poderosa es la alegría.




Amarillito. Lápiz acuarelable sobre papel. 2009



Florencia Sabattini cumple años. Todo indica que este será el año del amor, el año del encuentro. Amarillito, su amigo cantor, ya está en eso. Ella se llama Violeta.



Mika. Lápiz grafito sobre papel. 2009

Dulce y caprichosa. A veces camufla su cuerpo oscuro en las sombras y solamente veo el destello amarillo de sus ojos.
Mika toma rehenes en una casa donde abundan los juguetes. Y en este zoológico miniatura, ella juega un poco, se aburre, y luego fija su mirada en otra cosa y queda largo rato así, envuelta en su meditación gatuna.
Verónica Gómez, tutora de Mika





José. Lápiz grafito sobre papel. 2009



Tiza. Lápiz acuarelable y metalizado sobre papel. 2009




Karin Godnic ama la astronomía. Emprende viajes cósmicos con frecuencia, y trae imágenes bellas y perfumes de sus travesías.Esta vez es Tiza, su compañera de aventuras, quien vuelve de un viaje largo trayéndole por obsequio una rama del bosque dorado y pétalos de rosa enredados en las orejas. Deja atrás un cielo repleto de estrellas.





Entrevistas

Stella Maris Calvo y Kuki


Verónica Calfat y Lita



Alicia Belous con Ona y Tai


Jaime, Alejandro Vautier y Pocho



Silvia Gurfein con Perlita


Marcelo, Marta Bazán y su mamá con los babys








Luli, Mati y Coqueta






Liliana, Mimi y Lara











Lucre, Malena y Sultán



Ale con Harry y Sasha









Ale Covaia con Trébol, Dorotea y al fondo Sasha y Harry












Mika























5 comentarios:

Paula dijo...

Hermosos todos los retratos! Felicitaciones por el trabajo realizado!

Valeria Díaz dijo...

Me encanta tu blog. Te dejo la url del mio, porque a lo mejor te gusta. Felicidades y gracias.
http://www.elblogdevaleriadiaz.blogspot.com.es/

Florencia dijo...

ME gustaría tener algunos de estos retratos en las paredes del departamento temporario en buenos aires en donde me mude recientemente y las paredes se encuentran muy vacías..y como a mi me encanan los animalitos, retratos así serían perfectos. Como puedo hacer para conseguirlos?

Servicio de Retratos de Mascotas dijo...

Hola Florencia, perdón por la gran demora en responder. Recién veo tu mensaje. Si todavía estás interesada me podés llamar al 15 5966 3747. Besos! Verónica

Groupdmt dijo...

Simplemente me topé con su sitio web y quería decir que realmente he disfrutado de la lectura de su blog.
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